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Adaptación del hogar del adulto mayor

Como se ha tratado en las entregas anteriores, la vejez y sus padecimientos suponen cierta disminución en las habilidades motrices y de desplazamiento de la persona, lo que ocasiona dependencia para poder trasladarse de un lugar a otro, incluso dentro de su propio hogar. Por tal razón, resulta pertinente realizar pequeños cambios en la distribución del mobiliario, así como adaptar manijas y soportes para hacer de la casa un sitio accesible y con libertad de movimiento, donde el adulto mayor se sienta protegido.

Después de revisar los tres artículos previos, donde se abordaron las adaptaciones para estancia, cocina, escaleras, baño y recámara, en el presente analizaremos el tipo de mobiliario adecuado para el adulto mayor.

SILLAS.

En la medida de lo posible deberán ser livianas, seguras y estables. No deben poseer bordes filosos, salientes o tornillos que puedan enganchar la ropa o lastimar. Si el adulto mayor tiene alguna dificultad para pararse o sentarse, seguramente utilizará el descansabrazos, por ello es necesario que por lo menos una silla de la casa sea tipo sillón. En las sillas del comedor no es necesario porque se puede utilizar la mesa como apoyo. Es importante que estén bien acolchonadas para que sean blandas (los mayores en general se desploman sobre ellas), pero no deben ser extremadamente bofas, pues la poca consistencia dificulta la incorporación. Se aconseja que los respaldos y las bases sean de material poroso (que no favorezca la transpiración) y lavable.

MESAS.

Igual que todos los muebles, no deben tener puntas filosas; se pueden colocar topes de goma o protectores autoadhesivos en las esquinas. La altura ideal debe oscilar entre los 70 y 80 cm, considerando que una silla de ruedas pueda entrar debajo de ella. Si las mesas son más bajas de lo conveniente podemos elevarlas con bases en las patas (tablas de madera). Las patas deben ser rectas y no sobresalir de la tabla porque pueden provocar tropiezos. Es aconsejable que las mesas tengan cuatro patas y no una central, ya que es posible que el adulto mayor se apoye para pararse y pierda el equilibrio. Existen mesas rebatibles que pueden servir como superficie de trabajo, como atril para libros o como mesa de cama, y son muy útiles para desempeñar las actividades cotidianas sin necesidad de acudir a la mesa del comedor o la cocina.

SILLONES.

Propios para el descanso, deben cubrir algunas características básicas como: ser poco profundos, tener la altura suficiente para que los pies no queden colgando, contar con asientos y respaldos firmes para evitar problemas de columna; además de poseer descansabrazos y soportes para pies a una altura considerable.

A manera de conclusión, podemos decir que en la casa del adulto mayor las mejoras deben apuntar fundamentalmente a tres aspectos: comodidad, seguridad y movilidad. Esto puede lograrse con un mobiliario cuidadosamente adaptado, seleccionado y bien distribuido. Hay que tener en cuenta que la dependencia produce frustración e impotencia en la persona, le quita calidad de vida, se ve gradualmente encerrada dentro de un laberinto de imposibilidades, tiende a deprimirse, aislarse y enfermarse. Un ambiente correctamente adaptado para esta etapa de la vida (con necesidades especiales satisfechas) le permite autovalerse en mayor o menor medida. Esto habla de un aumento de la autoestima, la independencia y la dignidad. No se requiere de un gran presupuesto para hacer los cambios, y, por el contrario, su realización repercute de forma positiva en el ánimo de las personas y en la motivación para realizar sus actividades de manera autosuficiente.

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