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Clínica de Cardiología Geriátrica

En los albores del nuevo milenio, México comparte con los países desarrollados una realidad producto de la modernidad y los avances científicos y tecnológicos: su población ha mejorado el nivel de salud y atención médica. Mayor cobertura y más calidad en los servicios han dado por resultado que la longevidad de un importante sector social vaya en ascenso.

En los últimos 50 años, la esperanza de vida en nuestro país ha aumentado de 49.6 a más de 75 años. Un sujeto de 65 puede esperar vivir otros 17 y uno de 80 hasta ocho años más. Esto ha resultado en un cambio del perfil demográfico del país, de tal forma que el número de personas que alcanzan la séptima década de la vida aumenta progresivamente. El crecimiento demográfico más rápido se observa en aquellos designados por las Naciones Unidas como “los más viejos de los viejos”, es decir, las personas de 80 o más años.

Tal realidad constituye un importante logro del que muchos nos enorgullecemos; sin embargo, a la vez, entraña un reto para las autoridades sanitarias, pues el progresivo envejecimiento de la sociedad demanda la búsqueda permanente de metodologías planificadas en la atención médica y reintegración a una sociedad productiva del paciente anciano, mismas que influyen y se reflejan en las características del Sistema Nacional de Salud.

El Servicio de Cardiología Geriátrica del Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”, constituido hace 10 años y acorde con las necesidades de nuestra era, se formó considerando los siguientes aspectos:

 

  1. Perfil demográfico. El número de ancianos aumenta como consecuencia directa de programas más eficaces en la prevención y atención sanitaria, factor coadyuvante para que esta población demande atención cada vez más especializada.

 

  1. Socioeconómicas. Derivadas del impacto económico y social que tiene la intervención médica. Basta mencionar el porcentaje del PIB que los distintos países aplican a pensiones o el generado por el consumo de fármacos, así como en lo relativo a la necesidad de aportar recursos sanitarios y sociales a los ancianos incapacitados o en fase de recuperación.

 

  1. Científicas. No siempre está clara la frontera entre los tres grupos de procesos que modulan los cambios presentados por el anciano:

-Las modificaciones fisiológicas establecidas por el simple paso del tiempo (envejecimiento).

-Las consecuencias de la exposición, a través de los años, a agentes inherentes a su       ocupación laboral u otros como la contaminación, el tabaco, las dietas inadecuadas, el     alcohol, el estrés o la falta de actividad física (factores de riesgo en sentido amplio).

-Las enfermedades propiamente descritas o sus secuelas acumuladas a lo largo del          tiempo.

En los países industrializados se ha observado una evidente declinación de la mortalidad por cardiopatía isquémica y por otras complicaciones de la aterosclerosis. La República Mexicana se encuentra en un estado de transición epidemiológica, donde la mortalidad por estas enfermedades está todavía en fase de equilibrio. Hace 25 años, la tasa de mortalidad por cardiopatía isquémica por 100,000 habitantes era de 19.4, mientras que desde 1997 ha ascendido a 44.9. Los ancianos fallecen por enfermedades cardiovasculares tales como la cardiopatía isquémica, hipertensión arterial e insuficiencia cardiaca. En 1997, la tasa de mortalidad para cardiopatía isquémica en personas en edad postproductiva, es decir 65 años o más, fue de 741.8 por 100 000 habitantes, una tasa mucho mayor a la de las personas más jóvenes.

Por otra parte, como resultado del proceso normal de envejecimiento, el modo como estas enfermedades se presentan en las personas mayores, es diferente y la morbilidad y mortalidad está notablemente aumentada.

Durante la última década, la posibilidad de utilizar una serie de procedimientos como intervenciones con catéteres, cirugías de revascularización coronaria o implantes de desfibriladores automáticos, hace necesario el establecimiento de indicaciones precisas para la aplicación de estos a las personas de la tercera edad, con énfasis en el mejoramiento de la calidad de vida, en vez de sólo aumentar la longevidad.

El anciano no es estrictamente un adulto mayor. En su camino hacia el envejecimiento se han producido cambios esenciales en sus órganos y sistemas a nivel morfológico, fisiológico, funcional, psicológico e, incluso, social. Estos tienen una repercusión directa en la valoración semiológica, en la fisiopatología de sus enfermedades, en la actitud diagnóstica y en las decisiones terapéuticas farmacológicas y no farmacológicas. En nuestra institución, aproximadamente uno de cada cuatro pacientes es un adulto mayor. El grupo de población de sujetos mayores de 70 años es heterogéneo. En este, la edad biológica no siempre coincide con la cronológica y es posible referirse a una persona “joven de 80 años” y, por el contrario, a un “anciano de 60 años”.

Para definir los criterios diagnósticos e indicar los procedimientos terapéuticos adecuados se estableció la necesidad del Servicio de Cardiología Geriátrica, que atiende a los pacientes de 70 años y más. Este constituye el vértice de la pirámide asistencial del Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez” y está integrado y coordinado con el resto de los niveles asistenciales. Su principal objetivo es precisar la atención cardiológica al anciano enfermo. Por tanto, tiene aspectos preventivos, terapéuticos y de rehabilitación, lo cual la hace relativamente distinta a la de sujetos más jóvenes. Se ofrece docencia al personal en formación, médico y paramédico; contribuye a la educación sanitaria de enfermos y familiares, y realiza una labor investigadora en el área de la cardiología geriátrica.

En lo relativo a la prevención, se han estructurado programas diseñados para la difusión de los factores de riesgo cardiovascular, mediante la atención de los grupos específicos de edad y la educación del público en general, concernientes a modificaciones en el estilo de vida. Por tanto, la Cardiología Geriátrica es el parteaguas donde todas las especialidades médicas deberán enfocar su investigación y docencia en los grupos de edad avanzada.

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