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¿Cómo evoluciona el Alzheimer?

La Enfermedad de Alzheimer representa una de las primeras causas de incapacidad en las personas mayores, y es un obstáculo en el logro del llamado envejecimiento satisfactorio. Se estima que afecta del 1 al 6% de la población mayor de 65 años y a uno de cada tres individuos después de los 85 años de edad.

Se trata de una enfermedad que afecta la estructura y función del cerebro, manifestándose con una pérdida gradual y progresiva de la memoria, a la que posteriormente se unen alteraciones en una o más funciones mentales tales como el lenguaje, el pensamiento abstracto, el juicio y otras habilidades cognitivas. Tiene un carácter irreversible y a largo plazo impide la realización de las actividades de la vida diaria, incluso puede derivar en la total desconexión con el entorno.

La evolución de la enfermedad es gradual, lentamente progresiva en sus manifestaciones y muchas veces pasa desapercibida por la persona que la padece o sus familiares durante años.

Se pueden definir las siguientes 6 fases de la enfermedad con base en los síntomas y signos clínicos, y su repercusión en la funcionalidad del individuo afectado:

FASE PREDEMENCIAL.- Durante esta fase la persona afectada puede llegar a olvidar datos importantes, citas, ubicación de los objetos y suele tener fallos en la orientación o dificultad para encontrar alguna palabra. También pueden estar presentes las alteraciones en el estado de ánimo, así como complicación para desarrollar su trabajo.

FASE LEVE.- En esta fase se afecta la memoria episódica, llegando ocasionalmente a no recordar lo que hizo; comienza a tener complicación en la conducción de los vehículos y presenta dificultad para conseguir conversaciones complejas cuando hay otros interlocutores, además se presentan problemas en las conductas sociales, y se requiere de una leve supervisión, lo cual provoca una incapacidad para muchos aspectos de su vida.

FASE INTERMEDIA.- La memoria está mayormente afectada, por lo que continuamente hace la misma pregunta, hay desorientación en tiempo. En cuanto al lenguaje y la escritura son de contenidos pobres. En esta fase se agrega incapacidad de planificar sus actos o actividades, persisten los síntomas depresivos y se acentúan las ideas delirantes (ideas falsas de daño, persecución); rara vez aparecen alucinaciones (escucha voces o ve objetos, figuras o personas no reales); puede existir ansiedad. Durante esta etapa ya se observa un daño neuronal, por lo que hay una disminución en el braceo y alguna lentitud en los movimientos. Esta etapa incapacita al paciente para desarrollar su trabajo y sus actividades cotidianas.

FASE MODERADA.- La memoria ya está intensamente afectada, no recuerda ni sus datos personales, desconoce el mes, año y día; manifiesta importantes fallos en el lenguaje escrito y en la lectura. Existe una alteración evidente de todas las funciones corticales como incapacidad de reconocer visual, auditiva, olfativa y sensorialmente cosas que se han aprendido con el tiempo (Agnosia), así como problemática para elaborar manualmente movimientos y actividades adquiridas durante la vida (Apraxias). Aparecen alucinaciones generalmente visuales, auditivas; puede haber mayor agitación, ansiedad al caer de la tarde y comienzan los trastornos del sueño. Durante esta etapa el daño neurológico es mayor, por lo que se acentúan los signos parkinsonianos (rigidez muscular, temblor de manos), y la variación de la marcha puede favorecer las caídas. En esta etapa la alteración funcional es evidente, puesto que ya no le permite vestirse.

FASE SEVERA.- Los cambios de la memoria y el resto de las funciones son marcados, reconoce con más dificultad a sus familiares más cercanos. En cuanto a la alteración neurológica, el síndrome de Parkinson es más evidente, comienzan a presentarse los reflejos arcaicos sobre todo el hociqueo y parpadeo. Las alteraciones funcionales son muy severas, llegando incluso a extraviarse en su domicilio; ha perdido las pautas higiénicas, su comportamiento puede hacerse agresivo, hay inversión del ritmo vigilia-sueño y se presenta una dificultad para controlar esfínteres (se orina en la noche).

FASE TARDÍA/FINAL.- Durante esta etapa apenas dice algunas palabras o emite algunos sonidos, no reconoce a sus familiares. La afectación neuronal es tal que prácticamente no interacciona con su medio. Pueden existir tanto el síndrome parkinsoniano como crisis epilépticas, los reflejos arcaicos se hacen francamente evidentes. Desde el punto de vista conductual la persona tiene una actitud pasiva aunque ocasionalmente puede volverse agresivo. Necesita supervisión y cuidados todas las horas del día. No controla esfínteres y finalmente pierde la capacidad para movilizarse y para valerse por sí solo, incluso para las actividades más básicas de la vida.

Es importante hacer énfasis que todos estos eventos clínicos se van instalando lentamente en el transcurso del tiempo, con un promedio de entre 8 a 12 años para llegar a una fase tardía. Durante su evolución se van presentando riesgos importantes en su estado de salud y bienestar, afectando no sólo a su persona sino incluso a los familiares con los que convive.

La Enfermedad de Alzheimer es una enfermedad grave que generalmente se presenta en la edad adulta; sin embargo, no es sinónimo de envejecimiento. Aunque sabemos que con la edad se sufren diversos cambios estructurales y funcionales en nuestro cerebro, la capacidad cognitiva debe ser adecuada hasta edades más avanzadas de nuestras vidas, por lo que ante datos que sugieran un mayor deterioro en el funcionamiento cerebral se debe tener la orientación de un profesional de la salud con la finalidad de elaborar un diagnóstico certero, descartando otras enfermedades que pueden llegar a presentar algunos datos sugerentes de demencia o incluso un deterioro benigno de la memoria relacionado con la edad.

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