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La importancia de dormir bien

 

Uno de los problemas más importantes que presentan las personas de edad avanzada y que alteran tanto su funcionalidad como su calidad de vida es la dificultad para dormir. Puede ser que el individuo manifieste una subjetiva falta de sueño, se le dificulte iniciar el mismo o permanecer dormido. Esto se conoce como insomnio, puede ser tardío o terminal cuando la persona se despierta al menos una hora antes de su horario acostumbrado y no puede volver a conciliar el sueño. El insomnio psicofisiológico es el más frecuente en las personas de edad avanzada y se caracteriza por sentimientos de frustración, coraje, irritabilidad y ansiedad al no poder dormir de manera satisfactoria. Existe también el pseudoinsomnio, en el que se percibe la falta de sueño, pero en realidad se duerme superficialmente con frecuentes despertares a lo largo de la noche. El insomnio forma parte de una serie de cambios fisiológicos del proceso de envejecimiento y junto con la somnolencia diurna participan de manera negativa en el estado de salud de los mayores. Otros trastornos del sueño son:

 Apnea obstructiva durante el sueño: Se caracteriza por episodios repetidos de suspensión momentánea de la respiración, condicionando disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, trastornos del ritmo cardiaco e hipertensión sistémica y pulmonar. Es más común en hombres obesos de cuello corto, los cuales pueden presentar ronquido intenso, sequedad de boca al despertar, movimientos excesivos durante la noche, caídas de la cama, trastornos de la cognición y de la personalidad e incluso disfunción eréctil. Como consecuencia de todo esto, se pueden dar condiciones de incomodidad y conflicto con sus parejas correspondientes.

Movimientos periódicos de las extremidades ó mioclono nocturno: Es muy frecuente en personas de edad avanzada y se caracteriza por movimiento de las piernas cada 20 o 40 segundos con microdespertares. Más de cinco sacudidas de las piernas con despertar por hora durante la noche se considera un proceso patológico. Quien padece este trastorno generalmente no se da cuenta y es su compañero(a) de cama quien lo detecta, se inconforma y enoja por sentirse afectado(a) en su derecho a descansar.

Alteración del sueño por medicamentos: El uso y abuso de los hipnóticos, así como su interrupción brusca pueden producir efectos no deseables (paradójico y rebote).

Alteraciones por dependencia de alcohol: Si se utiliza el alcohol como inductor del sueño, se termina por depender del mismo y cada vez a mayores dosis.

Trastornos del ciclo sueño-vigilia: Hay inversión del ciclo del sueño, periodos fraccionados de sueño, dormir muy poco o casi todo el tiempo, como sucede en pacientes con demencia avanzada. Son muchas las causas que producen trastornos del sueño: problemas psicológicos, psiquiátricos, enfermedades médicas subyacentes, estrés excesivo, depresión, ansiedad, dolor neuropático, dolor por enfermedad maligna, disnea por enfermedad cardiaca o pulmonar, enfermedad por reflujo gastroesofágico, enfermedad reumática, trastornos urinarios, fármacos (ocasionan de 10 a 15 % de los casos de insomnio) como los corticosteroides, pseudoefedrina, teofilina, furosemida, algunos antidepresivos, cimetidina, fenitoína, cafeína y nicotina.

Por lo anteriormente comentado, se considera de vital importancia dormir bien, ya que representa la mejor alternativa para mantener un estado de equilibrio biológico, psicológico y social en todas las personas, pero principalmente en los adultos mayores, ya que en ellos contemplamos mayores riesgos por su fragilidad, estado de soledad y aislamiento a los que se han hecho acreedores sin merecerlo ni solicitarlo. Diagnosticar tempranamente los trastornos del sueño en los pacientes geriátricos nos permitirá ofrecer opciones de tratamiento que reincorporen a estas personas a una vida digna y saludable, igual o mejor que en su juventud.

Proponemos como medidas para mejorar la higiene del sueño las siguientes:

l.- Tener una hora regular tanto para irse a dormir como para levantarse por las mañanas.

2.- Evitar siestas en el día o limitarlas a menos de una hora en la mañana o al atardecer.

3.- Ejercitarse durante el día, pero no hacerlo en la noche o antes de dormir.

4.- Evitar el consumo de cafeína, nicotina o alcohol en la noche.

5.- No tomar líquidos en forma abundante en la noche para reducir la micción nocturna.

6.- Evitar comer excesivamente antes de acostarse, pero ingerir algo ligero para provocar el sueño.

7.- Seguir una rutina para la preparación del momento de acostarse y usar ropa cómoda para dormir.

8.- Garantizar que haya un ambiente confortable en la noche, disminuyendo el ruido y la iluminación y procurando que la temperatura de la habitación sea reconfortante. Si la intención es dormir bien, hagamos todo cuanto esté a nuestro alcance con el fin de conseguirlo.

Otras recomendaciones pueden ser: escuchar música, masoterapia, tomar alguna infusión suave como té verde, de azahar, de menta, de manzanilla, de rosas, leche tibia. Existe una sustancia que se produce en el cerebro llamada melatonina, ésta se libera ante la oscuridad y tiene relación con la inducción del sueño; el uso de esta sustancia puede ser otra alternativa. Por lo que a medicamentos se refiere, es importante señalar que debe ser el médico especialista quien los prescriba para evitar situaciones problemáticas. La automedicación puede ser demasiado peligrosa, sobre todo cuando se usan sustancias que actúan a nivel del Sistema Nervioso Central. Las benzodiacepinas y sus derivados pueden ocasionar, además de dependencia, estados confusionales agudos que ponen al paciente en riesgo de ser hospitalizados y muchas veces hasta en peligro de muerte. Nunca recomiende la administración de un medicamento basado en su experiencia personal. Recuerde que el proceso de envejecer es altamente singular y la respuesta a cualquier sustancia química es diferente en cada individuo. Para conservar nuestra salud en general, nada es más importante que dormir bien. Buenas noches.

Contenido patrocinado por la revista Sin-cuenta y más…
Autor: Dr. Francisco Silva Campechano

 

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