Compartir

Negarse a envejecer, ¿realidad o simple postura?

 

A lo largo de la historia humana se ha buscado la fuente de la eterna juventud; desde tiempos inmemorables se le ha rendido tributo a las figuras jóvenes y lozanas, como en la cultura griega, donde la perfección y la belleza eran lo más preciado. Los griegos relegaron todo aquello que no fuera hermoso: lo deforme, la enfermedad y, por desgracia, la vejez, pues esta significaba decadencia.

Hoy por hoy, tristemente, no estamos muy lejos de este panorama ancestral, pues en nuestro país -como en muchos otros, principalmente los occidentales- se sigue atesorando la juventud como un gran valor, aunado a todo lo que significa: fuerza, vitalidad, belleza, poder, etc. A esto se añade la preferencia de los medios publicitarios por el cuerpo joven como ideal estético, es decir, una figura bonita, muy delgada y, desde luego, suficientemente alejada de canas, arrugas y enfermedades.

Erróneamente, nuestra cultura nos inculca que la edad y la vejez sólo traen consigo pérdidas, soledad, dolor y sufrimiento; de tal manera, se debe hacer todo lo posible por evitar llegar a ser viejo. Con un ambiente así, resulta obvio que el hombre y la mujer de 50 años en adelante sientan que ya no hay lugar para ellos, y qué decir de los que tienen más y más juventud acumulada. Entonces, yo me pregunto, ¿Cómo se hace para saltar a una edad y seguir viviendo?, ¿acaso es posible?, ¿se puede negar una realidad? La respuesta es no. Lo que debemos hacer es cambiar esa imagen llena de prejuicios sobre la vejez y construir una más acorde con la realidad. Tenemos que revolucionar conceptos, ideas y actitudes. ¡Hay que tomar realidades y no poses!

Si bien es cierto que hoy no se está envejeciendo tan saludablemente como se quisiera, las generaciones que rondamos la barrera de los cincuenta años debemos ser conscientes que gracias a los adelantos tecnológicos y médicos tendremos más años por delante, de manera que hay que cuidarnos hoy para estar bien mañana. Procuremos agregarle vida a los años y, en un sentido más ambicioso, no sólo vida, sino alegría, fe, esperanza, generosidad, paciencia, serenidad y una alta conciencia de que la salud no es un golpe de suerte, sino una responsabilidad que nos debe obligar a estar siempre un paso adelante de la enfermedad; hay que cuidarnos, asistir a revisiones, tomar nuestros medicamentos, hacer ejercicio, llevar una adecuada alimentación y tener un gran amor por el mañana que nos toque vivir.

Hay que hacer valer nuestros años, nuestros valores y las experiencias que nos ha dejado la vida. Poder contar una historia sólo es privilegio de aquel que se ha subido al tren de la vida. Hay que retomar el sitio que le corresponde a cada etapa del crecimiento, y la adultez no es la excepción; esto ayudará a que las edades avanzadas se acepten sanamente, de lo contrario seremos adultos mayores frustrados e inadaptados por no estar dentro de los ingratos e ilógicos estándares que exige la sociedad de hoy.

Es necesario que se respete a los adultos mayores (o hacernos respetar) y que se nos vea como individuos competentes, con experiencia, útiles a nosotros mismos, a la familia y a la sociedad en su conjunto. Afortunadamente ya se está observando que, a pesar del deterioro físico, los adultos mayores llevan una vida activa y con más deseos de participar en acciones que hasta hace poco sólo realizaban los jóvenes. También hace falta reflexionar sobre la importancia de que los niños y los adolescentes se acerquen más a las personas mayores, y como adulto mayor, de igual forma ganarse ese acercamiento.

Si tomamos en cuenta todo lo anterior, nos estaremos perfilando a un mejor futuro, en donde los adultos mayores tengan la posibilidad de estar vitales, vigorosos y participativos. Recuerden, hay que sacarle jugo a la vida.

Contenido patrocinado por la revista Sin-cuenta y más…
Autor: Dra. Laura C. Gutiérrez Hernández

Dejar un Comentario