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Hígado, órgano en constante peligro

El hígado es un órgano con una gran capacidad de reserva y de recuperación, lo que le da posibilidad de automantenerse. Debido a la gran cantidad de funciones que realiza, a menudo puede ser atacado por diferentes factores como algunos virus, sustancias tóxicas, medicamentos, etc., sin importar el sexo o la edad. Sin embargo, no se queja y, en muchas ocasiones, son pocos los síntomas presentes cuando está dañado en fases tempranas, por lo que las personas con problemas hepáticos no son conscientes de estar enfermas. El hígado es un órgano tan noble que continúa trabajando aún teniendo dos terceras partes dañadas. Ha habido grandes avances en el tratamiento de algunas enfermedades hepáticas, sin embargo para algunas de ellas aún no hay una cura. La forma de prevenir las enfermedades hepáticas es llevar un estilo de vida sano y vacunarse contra algunos de los virus que pueden causar daño a este órgano tan valioso.

Diferentes agentes pueden causarnos Hepatitis o bien llevarnos a la fibrosis o hasta la cirrosis. La Hepatitis es una enfermedad que se caracteriza por la inflamación del hígado, la cual puede ser aguda, es decir, una inflamación temporal; o bien, si el agente que está agrediendo al hígado se mantiene dañándolo, se vuelve crónica. La cirrosis hepática es una de las diez causas más frecuentes de muerte en el mundo occidental; es una enfermedad progresiva y fatal en que la fibrosis del hígado, secundaria a una reacción inflarmatoria, lo conduce a graves alteraciones en su función metabólica y de su circulación sanguínea. Hay más de 100 enfermedades del hígado conocidas. Algunas de ellas son:

Hepatitis A

El virus de la Hepatitis A ocasiona una enfermedad que se caracteriza por la inflamación aguda del hígado. Es muy frecuente en niños. Este virus se transmite por la ruta oral-fecal a través de la ingestión de comida contaminada por el virus como mariscos crudos o verduras crudas regadas con aguas negras, por lo que el mejoramiento de la higiene y disponibilidad de agua potable puede disminuir el riesgo de infectarse. Una persona contagiada puede presentar cansancio, debilidad muscular, disminución del apetito, diarrea, vómito, dolor de cabeza, escalofrío o fiebre. El diagnóstico clínico se basa en la presencia de ictericia (coloración amarillenta de los ojos y el cuerpo) y orina de color oscuro (coluria). Esta enfermedad es completamente prevenible mediante una vacuna muy efectiva y segura.

Hepatitis B

En muchos casos transcurre mucho tiempo entre el contagio del virus, el desarrollo de la enfermedad y la aparición de los síntomas. La mayoría de las personas que adquieren el virus de la Hepatitis B se recuperan sin consecuencias. Cuando esta infección dura menos de seis meses, se conoce como Hepatitis B aguda. Por el contrario, cuando la infección perdura por más de seis meses se conoce como Hepatitis B crónica. Aproximadamente el 5% de los adultos que adquieren la infección desarrollan la forma crónica. Su consecuencia más importante a largo plazo es la posibilidad de desarrollar cirrosis hepática o de carcinoma hepatocelular. El virus de la Hepatitis B se transmite mediante el contacto con sangre o fluidos corporales contaminados, a través de relaciones sexuales, por transfusiones de sangre, transmisión perinatal, por el uso de agujas contaminadas y al hacerse tatuajes y perforaciones. Esta infección es completamente prevenible mediante una vacuna contra el virus de la Hepatitis B. Las personas con contacto frecuente con portadores crónicos de Hepatitis B deben vacunarse.

Hepatitis C

El virus de la Hepatitis C se contrae principalmente por medio del contacto con la sangre de una persona infectada, por lo que puede ser consecuencia de haber recibido una transfusión de sangre contaminada, compartir agujas para inyectarse drogas, compartir artículos de higiene personal como cepillos de dientes o rastrillos y por hacerse tatuajes o perforaciones con instrumentos que estén contaminados con el virus. En la actualidad no se cuenta con una vacuna contra el virus de la Hepatitis C.

Hepatitis E

El virus de la Hepatitis E es de transmisión entérica, es decir, por la ingesta de alimentos o aguas contaminadas con materia fecal. Es similar al virus de la Hepatitis A, pero más frecuente en adultos.

Hepatitis autoinmune

Este tipo de  Hepatitis se asocia con una activación descontrolada del sistema inmune; las defensas del organismo dejan de reconocer órganos y tejidos como propios y les producen daño. La Hepatitis autoinmune afecta mayoritariamente a mujeres jóvenes, pero puede presentarse a cualquier edad. Su causa no se conoce, sin embargo, se sabe que existe una cierta predisposición genética para desarrollar esta enfermedad, al igual que ocurre con otras enfermedades de tipo autoinmune.

Cirrosis biliar primaria

La causa exacta de la cirrosis biliar primaria se desconoce. Se cree que existen factores genéticos y ambientales que inducen a las células del sistema inmune a atacar los conductos biliares intrahepáticos llevando a su destrucción progresiva. Esto produce acumulación de sustancias tóxicas en el hígado, particularmente ácidos biliares que, por su efecto detergente, producen daño de las células hepáticas, seguido por inflamación, fibrosis y, eventualmente, cirrosis e insuficiencia hepática. Afecta principalmente a mujeres en la edad media de la vida.

Hígado Graso

El término hígado graso se refiere a una enfermedad del hígado caracterizada por acumulación de grasa en forma de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas (hepatocitos). Esta acumulación puede llevar a la inflamación hepática, con la posibilidad de desarrollar fibrosis y, finalmente, terminar en cirrosis. Esta enfermedad se conoce con otros nombres: esteatosis hepática, esteatohepatitis no alcohólica o bien esteatohepatitis metabólica. Se asocia con los siguientes factores de riesgo: obesidad, diabetes, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia.  No todas las personas que tienen hígado graso van a desarrollar complicaciones o daño hepático crónico.

Cirrosis Hepática

Es la consecuencia de un daño crónico acumulado en el hígado y se caracteriza por el depósito de fibrosis (tejido cicatrizal) en el hígado.  Estos cambios en el tejido interfieren con su estructura y funcionamiento normal, ocasionando serias complicaciones en la circulación de la sangre y en sus funciones. Existen numerosas causas que pueden desencadenar la cirrosis, como son los virus de la Hepatitis B, C y D, el consumo excesivo de alcohol, la esteatohepatitis no alcohólica o enfermedades hereditarias o congénitas como la hemocromatosis, en la cual se acumula hierro en el hígado, la enfermedad de Wilson, causada por una alteración en el transporte de cobre, reacción severa a drogas y fármacos o una obstrucción prolongada del conducto biliar.

Muchas veces no se tiene conciencia de la inmensa cantidad de funciones que el hígado realiza todos los días para mantenernos vivos y sanos. Los expertos estiman que más de la mitad de todas las enfermedades del hígado podrían ser prevenidas si las personas siguieran las recomendaciones y utilizaran la información debidamente. Cuide su salud hepática y acuda al médico ante la sospecha de presentar estos padecimientos.

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