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Alzheimer, la enfermedad que NO debemos olvidar…

El cerebro humano sufre, al igual que otros órganos de nuestro cuerpo, cambios anatómicos y fisiológicos como parte del proceso del envejecimiento. Las células nerviosas conocidas como neuronas se mueren y zonas distintas del cerebro se atrofian por ello, dando lugar a trastornos mentales y conductuales. Cuando en una persona la memoria se pierde de manera progresiva y se afectan otras capacidades mentales como la atención, el juicio, la orientación y el intelecto, sin que existan otras enfermedades crónicas degenerativas ni antecedentes de traumatismos craneoencefálicos, es posible que el diagnóstico sea una demencia primaria  de tipo Alzheimer.

Se calcula que este mal afecta a más de 25 millones de personas en el mundo. El 5% de los hombres y el 6% de las mujeres mayores de 60 años la padecen. Aproximadamente cada 20 minutos se conoce un caso nuevo. En nuestro país, el 10% de la población total son personas mayores de 60 años. Cada día, la población de viejos es mayor considerando el aumento progresivo de la esperanza de vida. Se sabe que hay más de 360 mil personas que padecen la enfermedad de Alzheimer, pero sólo un 3% ha sido valorado. La enfermedad es más frecuente en sujetos de edad avanzada. Sin embargo, hay una minoría de casos en menores de 60 años. Entre el 50 y 60% de todos los casos de demencia corresponden al tipo Alzheimer. El porcentaje puede llegar hasta el 50% o más en mayores de 85 años de edad. Se espera que para el año 2025 la cifra llegará a 34 millones de personas con Alzheimer, un millón serán enfermos mexicanos.

El diagnóstico de la enfermedad es complejo y se basa fundamentalmente en aspectos clínicos, ya que muchos estudios de radioimagen actuales pueden sugerir una demencia pero no señalan cual. La enfermedad pasa por tres fases: una inicial con síntomas leves, donde el enfermo mantiene su autonomía y sólo requiere de vigilancia y supervisión en tareas complicadas; una fase intermedia en que los síntomas se hacen más evidentes y el paciente pierde muchas de sus capacidades, donde es necesario que un cuidador permanente lo auxilie para que pueda llevar a cabo algunas actividades de la vida diaria, y una fase terminal, donde la persona pierde por completo su autonomía e independencia llevándola a un deterioro global que concluye con la muerte. Hasta el momento se desconoce la causa estricta que da origen a la enfermedad, pero hay muchas investigaciones al respecto que despliegan grandes esfuerzos por alcanzar soluciones posibles. La sintomatología es variada, afectando principalmente la memoria y la atención, sin alterar otras funciones orgánicas. Sin embargo, conforme la enfermedad avanza, se suman problemas digestivos, respiratorios, músculo-esqueléticos, pérdida de control de esfínteres, pérdida del apetito, incapacidad para la deglución y muchos más que hacen del individuo una verdadera carga para la familia. No existe cura para la enfermedad, pero hay tratamientos farmacológicos que intentan reducir el grado de avance de la misma y sus síntomas a modo de mantener lo más posible la conservación de la autonomía del paciente en beneficio de su calidad de vida.

También existen tratamientos no farmacológicos enfocados a estimular áreas cognitivas aún conservadas en el paciente, en donde la familia juega un papel preponderante. Se sugieren como medidas alternativas la compañía de animales, música, ocupaciones que se disfruten, sean seguras para la persona y, sobre todo, que estimulen la socialización. En nuestro país hay instituciones diversas encargadas de promover acciones de orden académico, cultural y social para la atención integral de personas con enfermedad de Alzheimer.

El mejor consejo para prevenir esta enfermedad es mantener una vigilancia estrecha de nuestro estado de salud sin descuidar el menor detalle y, ante cualquier duda, solicitar información y ayuda a los organismos institucionales o particulares al servicio de la salud.

Contenido proporcionado por la revista Sin-cuenta y más…

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