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La nutrición por la boca empieza

Probablemente lo primero que se nos ocurre cuando pensamos en la boca es en comer o besar, pero realmente hace mucho más que recibir alimentos o besar a nuestra media naranja. La boca y los dientes forman la sonrisa, que a menudo es lo primero que la gente nota cuando nos mira, además, es esencial para el habla. La lengua (que también nos permite saborear) nos deja formar las palabras con la ayuda de los labios y los dientes, los golpea para producir ciertos sonidos. El sonido Z, por ejemplo, se produce cuando la lengua roza la hilera superior de los dientes. Cuando una persona “sesea”, la lengua toca los dientes en lugar de apoyarse directamente detrás de ellos al pronunciar palabras con el sonido S.

Las partes más duras del cuerpo son los dientes, sin ellos sólo podríamos alimentarnos con líquidos o alimentos blandos. Son necesarios para la masticación, proceso por el cual desgarramos, cortamos y molemos los alimentos preparándolos para la deglución. Este proceso permite la liberación de enzimas y lubricantes en la boca, mismos que promueven la digestión, así como la descomposición de los alimentos. La boca, por lo tanto, es el paso inicial del proceso digestivo. Cuando vemos, olemos, probamos o incluso imaginamos una merienda sabrosa, nuestras glándulas salivales, ubicadas debajo de la lengua y cerca de la mandíbula inferior, comienzan a producir saliva. Este flujo se pone en movimiento por un reflejo del cerebro que se desencadena cuando percibimos alimentos o incluso cuando pensamos en comer. En respuesta a esta estimulación sensorial, el cerebro envía impulsos a través de los nervios que controlan las glándulas salivales, indicándoles que se preparen para una comida.

A medida que los dientes desgarran y cortan los alimentos, la saliva los humedece para facilitar la deglución. Una enzima digestiva llamada amilasa, que forma parte de la saliva, comienza a descomponer algunos de los carbohidratos (almidones y azúcares) en la comida incluso antes de que salgan de la boca. La deglución, que se logra por los movimientos musculares en la lengua y la boca, desplaza los alimentos hacia la garganta o faringe, un pasaje para los alimentos y el aire, que nos permite tragar sin ahogarnos y mide unos 12.7 centímetros de largo.

Así que ya lo sabe, cuide de su dentadura y no subestime sus funciones. La próxima vez que deguste un alimento delicioso recuerde que el proceso entero comienza por la boca.

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