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Alimentación para paciente con Alzheimer.

Al sugerir una dieta para el paciente con Alzheimer, la primera respuesta que viene a mi mente es tratarlos con mucho amor, comprensión y paciencia, ya que de nada sirve la mejor dieta si quien se encarga de prepararla y administrarla no cuenta con estas tres herramientas.

Es fundamental tener siempre presente que los enfermos de Alzheimer son personas con necesidades biológicas, psicológicas y sociales que deben ser satisfechas. La alimentación es, desde luego, una necesidad biológica de vital importancia que determina la calidad de vida del enfermo. Por lo anterior, es preciso ofrecer una dieta personalizada, calculada por un profesional en el área de la nutrición. La planeación de la dieta cubrirá las necesidades nutrimentarias y energéticas, traduciéndolas en menús o recetas culinarias; éstas serán adaptadas al entorno socioeconómico, a gustos y preferencias anteriores a la enfermedad. Se cuidará que la alimentación sea completa en todos los nutrimentos, esto es, los menús deberán ser conformados con frutas, verduras, cereales y sus derivados, leguminosas, alimentos de origen animal, grasas vegetales y azúcares, ambos en pequeñas cantidades. Aunque estarán presentes los grupos de alimentos en desayuno, comida y cena, será necesario que los platillos que resulten de la combinación de alimentos sigan siendo agradables a la vista, olfato y paladar del enfermo. No sería justo disculpar nuestro poco interés y responsabilidad al elaborar la dieta con la frase: “Para qué tanto tiempo perdido, después de todo no sabe ni lo que come”. Póngase en los zapatos de su enfermo, analice cómo le gustaría ser tratado si usted fuera la o el enfermo. Evite la rutina alimentaria, tome en cuenta que la alimentación de las personas con Alzheimer debe ser variada.

También es necesario mantener el peso teórico de nuestros pacientes, con ello evitaremos el deterioro del estado de nutrición y el desarrollo de otras enfermedades que perjudiquen la vida del enfermo. Por lo anterior, se sugiere que la dieta aporte suficiente cantidad de energía y de nutrimentos. Hablar de cantidades, gramos o raciones es sumamente riesgoso y poco ético, ya que para ello se requiere del análisis del estado de nutrición; y las cantidades, tipos de alimentos, técnicas de preparación son individualizados. Sin embargo, creemos que el enfermo debe comer como pichoncito, o mejor dicho, como pajarito. Muchas veces es difícil que el enfermo consuma en desayuno, comida y cena la cantidad de alimentos que conforman su dieta. Si éste es su caso, divida en cinco o seis porciones para comerlas durante el día.

La desnutrición es un grave problema que incide en la calidad de vida y al descubierto que el enfermo muere, no por su enfermedad, sino por el hambre. Es una situación penosa, pero real. Se debe verificar el consumo, sobre todo de alimentos como cereales y derivados (amaranto, entre otros), leguminosas (frijoles, lentejas, chícharos, habas, alverjones y garbanzos), leche, quesos, yogurt, huevos y carnes, por su aporte proteico. Tenga presente que no escuchará con estos pacientes las palabras “tengo hambre”, “quiero más” o “tengo sed”. Es común que si a ellos se les olvidó pedirnos agua, a nosotros se nos olvide dársela y de pronto se pueden deshidratar. Para evitar esta situación, haga que su paciente consuma por lo menos de 1½ a 2 litros de agua al día, totalizando los líquidos consumidos en desayuno, comida, cena y colaciones.

Existe otro error en la alimentación de estos enfermos: prepararle su dieta en papillas, tenga o no en buen estado sus piezas dentarias, quizás porque se considera más práctico, rápido y fácil dar cucharada tras cucharada de estas inapetentes mezclas que tornamos rutinarias e insuficientes en nutrimentos y energía, pero sobre todo en fibra, provocando problemas de estreñimiento, que se agudiza cuando el consumo de agua no es suficiente.

Finalmente, sé que no es fácil convivir con las personas que no tienen facultades para socializar. Sin embargo, el contacto profesional con este tipo de pacientes me da permiso de expresar con cierta seguridad que sienten la ternura de una caricia en su mano, el amor de un beso depositado en su mejilla o en la frente. Quizá no sepan quién eres, pero hazles saber que los amas y que te preocupas y ocupas de ellos.

Contenido patrocinado por la revista Sin-cuenta y más…
Autor: Dietoterapeuta Martha Elba Bautista Quintanar.

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